A ti, mi hija valiente Hay personas que nacen con una luz distinta. Una luz que no se apaga, aunque la vida sople con furia. Que no titubea, aunque duela. Que no se extingue, aunque todo alrededor parezca oscuro. Tú, mi hija mayor, eres una de ellas. Eres una guerrera con alma de fuego y corazón de agua. De esas que se levantan sin hacer ruido, que sanan en silencio, que brillan incluso cuando nadie las mira. Desde niña llevabas esa fuerza en la mirada. No era solo tu risa amplia ni tu alegría luminosa: era esa fortaleza interna, esa templanza que no se enseña, que se nace con ella. Has cruzado tormentas, y en vez de endurecerte, elegiste convertirlas en amor. Transformaste el dolor en lecciones, la rabia en compasión, el cansancio en coraje. Elegiste no rendirte. Elegiste ser feliz. Porque sí, también se vale llorar, sentirse agotada, detenerse un momento. Pero tú siempre encuentras un motivo para seguir. Un sueño, una canción que te recuerda tu poder, tu esencia, tu historia. Y vu...