Cuando el color de la toga refleja cuánto ha crecido mi niña
Hoy escribo con el corazón desbordado. Porque el azul que un día vestía mi hija en sus primeros actos escolares ya no está. Hoy, su toga es negra, su birrete también. Y no es solo un cambio de color, es el símbolo más poderoso de lo que significa crecer, avanzar, lograr, trascender.
Recuerdo con absoluta claridad aquella primera vez que la vi con una pequeña toga azul. Su sonrisa de niña, su orgullo inocente y esa mirada brillante que anunciaba lo que venía. Hoy, esa niña es una mujer. Una profesional. Una Licenciada en Relaciones Internacionales.
La distancia no impide que la emoción me abrace el pecho. La extraño, la pienso y la celebro desde aquí. Me habría gustado que me lo contara ella, sí. Pero no importa. Hay momentos tan grandes, tan importantes, que no necesitan protocolo para sentirse. Su logro lo recibí con lágrimas en los ojos, porque es imposible no emocionarse cuando sabes cuánto ha costado cada paso. Sé cuánto ha luchado. Sé cuántas noches largas, decisiones difíciles, silencios guardados y sueños rotos ha tenido que enfrentar para llegar hasta aquí. Por eso, su toga negra es mucho más que un símbolo académico: es una armadura conquistada, tejida con valentía y constancia.Y yo, que he sido testigo de su esencia desde que dijo sus primeras palabras, solo puedo decirle: vales muchísimo, nunca lo olvides.
Querida hija, este logro es tuyo. Es tu momento, tu historia, tu inicio. Hoy brillas más que nunca.


Comentarios
Publicar un comentario