A veces, el mayor avance no es correr más rápido, sino saber cuándo sentarse frente a una ventana, con un café tibio entre las manos, y simplemente estar . En el silencio de un amanecer o en las páginas de ese libro que olvidamos terminar, se encuentran las respuestas que el ruido diario nos oculta. Debemos respira, mirar por el cristal y a redescubrir que la belleza no siempre está en el destino, sino en la calma del trayecto.