La vida es un soplo.
Abraza a tu familia. No esperes a que llegue un momento especial para hacerlo, porque el momento especial es ahora. Dile a tus hijos cuánto los amas, aunque lo sepas de memoria. Dile a tu esposo que es tu compañero de camino, incluso cuando la rutina quiera apagar la ternura.
Nunca salgas de casa con el corazón en guerra. Las palabras que no se dicen pesan más que las que se dicen mal. Despídete siempre con amor, con una bendición, con un “Dios te bendiga”. Y antes de cruzar la puerta, haz la señal de la cruz… no por costumbre, sino como un acto de fe y de gratitud por un nuevo día que se te regala.
Vive. Ríe aunque el día sea gris. Canta aunque la voz te tiemble. Agradece aunque el camino sea incierto.
Porque la vida con sus luces y sombras, es el milagro más grande que tenemos.
Y si mañana no despertamos, que al menos quede la certeza de que amamos con el alma y vivimos con el corazón.
Precioso y acertado, muchas gracias por compartir estas palabras con todos
ResponderEliminarGracias a ti por leerme. Inspira que guste lo que escribo.
EliminarPrecioso y acertado, gracias por tomarte el tiempo de escribir para todos los que te leemos
ResponderEliminarUn placer hacerlo, gracias por leerme.
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