Dejar ir también es amar, soltar es lo más valiente
A veces, lo más amoroso que podemos hacer es dejar partir lo que ya no crece con nosotros.
Dejar ir a alguien, o algo, que significó mucho para ti no es un acto de rendición. Es un gesto de respeto. Respeto por lo que fue, por lo que ya no es, y por la persona en la que te estás convirtiendo.
A veces, lo más amoroso que puedes hacer por ti mismo y por el otro es soltar. Soltar la expectativa, la insistencia, el apego. Soltar el miedo a perder y confiar en que lo vivido tiene su valor, aunque ya no pueda continuar.
No es olvidar. No es borrar. Es honrar lo vivido y permitir que siga su curso, aunque eso implique tomar caminos diferentes.
El amor también se manifiesta en el silencio de una despedida serena, en el reconocimiento de que ya no hay espacio para crecer juntos, en el cuidado que implica no aferrarse a lo que se ha vuelto doloroso o estéril.
Soltar no es dejar de amar. A veces es la forma más sincera de hacerlo.
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