Una Sagrada Historia
Nacida en un hermoso país, con una profesión y un trabajo estable, me vi obligada a emigrar por circunstancias ajenas, como muchas otras personas. Al llegar a mi destino final, descubrí que lo más demandado era el cuidado de personas mayores, una actividad que nunca pensé que haría. A pesar de mi experiencia en el ámbito administrativo, tuve que adaptarme y desempeñar diversos roles: camarera, dependienta, encargada administrativa, promotora y agente de contact center. En todas estas actividades, mantuve un alto nivel de profesionalismo, dejando siempre a la gente satisfecha con mi trabajo.
Sin embargo, como sucede en muchas empresas, al llegar a los 55 años, con más de 20 años de experiencia y dos carreras, ya no eres considerado un activo valioso. (Las empresas no saben lo que se pierden al no contratar a personas con experiencia, sabiendo que obtendrían muchos beneficios).
Ante la falta de oportunidades, un día me sugirieron realizar un curso de asistente del hogar en una empresa emergente. Mi yo interno se resistía, pero la necesidad de supervivencia decía lo contrario. Me inscribí y comencé el curso, el cual superó mis expectativas. Aprendí técnicas de limpieza, cuidado de niños, atención a personas mayores encamadas, con disfagia, con bolsas de colostomía, con problemas cognitivos, Alzheimer, RCP en niños y adultos, entre muchos otros temas que, a pesar de haber trabajado más de 18 años con médicos, desconocía.
Mi primera experiencia laboral fue con una paciente con deterioro cognitivo. Su familia no sabía cómo informarle que contratarían a alguien para ayudarle en casa y llevarla a pasear. Fuí seleccionada y llegó mi primer día de trabajo. Inicialmente, la paciente se mostró reacia a aceptar ayuda, pero cuando finalmente me presenté, me aceptó de la mejor manera. Se aferró a mi brazo y salimos a caminar junto a un familiar, quien se sorprendió de que se agarrara de mí, algo que no hacía.
Con el paso de los días, comprendí lo difícil que es enfrentar las alteraciones en el pensamiento, el aprendizaje, la memoria, el juicio y la toma de decisiones. Los signos del deterioro cognitivo incluyen pérdida de memoria, dificultad para concentrarse, completar actividades, comprender, recordar, seguir instrucciones y solucionar problemas.
Durante nuestros paseos, hablamos mucho. Trato de distraerla, hacerla feliz, que recuerde canciones ya que le gustaba cantar, resolvemos juntas sopas de letras, contamos cosas de colores y me dice si está triste o no.
Debo decir que daría mucho por ayudarla a mejorar, aunque eso signifique quedarme sin empleo, porque sé que se esfuerza por recordar muchas cosas y a menudo me dice: "es que esta cabeza mía…".
Deseaba una oportunidad en mi área y todo me llevó a redescubrir una de las cosas que ya hacía en mi país natal: ayudar a mucha gente. A veces, los caminos de la vida son incomprensibles, pero siento que puedo contribuir a que sus días sean diferentes con un poco de distracción y compañía.
La vida nos presenta caminos inesperados y desafíos que nunca imaginamos enfrentar. Mi experiencia al emigrar y adaptarme a nuevas circunstancias laborales me ha enseñado que, aunque no siempre podamos controlar lo que sucede a nuestro alrededor, sí podemos decidir cómo respondemos a ello. He descubierto que mi capacidad para ayudar a los demás no solo sigue vigente, sino que también se ha fortalecido.
Ayudar a personas mayores con deterioro cognitivo me ha permitido redescubrir una vocación por el servicio y el cuidado. Cada día que paso con mi paciente, intento hacer su vida un poco más alegre y significativa, encontrando en ello una profunda satisfacción personal.
A todos los que se encuentren en situaciones similares, les animo a mantener la mente abierta y el corazón dispuesto a nuevas oportunidades. A veces, los caminos menos esperados pueden llevarnos a los lugares más gratificantes.
Esta experiencia me ha enseñado que, aunque los caminos de la vida sean a veces impredecibles y desafiantes, siempre hay oportunidades para crecer y redescubrirse. La clave está en mantener una actitud positiva y estar dispuestos a abrazar nuevas oportunidades, incluso cuando parecen alejadas de nuestro plan original. La vida puede sorprendernos con recompensas inesperadas y gratificantes.
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